06 octubre 2008

DESINFORMACIÓN NUTRICIONAL Y ALIMENTARIA ( I )

¿Podemos distinguir entre información y desinformación nutricional y alimentaria?

Desafortunadamente, no siempre lo podemos hacer. La desinformación consiste en conceptos erróneos, incompletos y engañosos sin evidencia científica, con frecuencia creencias exageradas y poco razonadas, en cuanto a comer o no comer, suplementos dietéticos o combinaciones de determinados alimentos que provoquen posibles beneficios en la salud o que ofrezcan una rápida pérdida de peso.

La American Dietetic Association (ADA) en el artículo: Position of the American Dietetic Association: Food and Nutrition Misinformation, considera que la desinformación nutricional y alimentaria, puede ser perjudicial para la salud, el bienestar y el estatus económico de los consumidores. A través de su guía sobre alimentación y nutrición advierten que el fraude relacionado con la salud es un modo de beneficio financiero, ya que el remedio no funciona o no se ha probado que funcione pero en cambio se promueve asegurando que mejora la salud, el bienestar o la apariencia física. La proliferación de los alimentos funcionales y de los suplementos nutricionales, ha sido una explosión de desinformación ya que el gran nombre de estos productos no están contemplados por la regulación. El organismo Food and Drug Administrarion (FDA) es el encargado en Estados Unidos de establecer guías de salud y etiquetaje de suplementos dietéticos, para informar de manera adecuada sobre la acción, la seguridad y calidad de los alimentos.

LAS CONSECUENCIAS DE LA DESINFORMACIÓN A CORTO PLAZO son efectos perjudiciales para la salud, debido a que pueden ocurrir interacciones entre fármacos y nutrientes, o bien que haya componentes tóxicos en los alimentos. También hay efectos negativos sobre la economía, cuando los remedios y tratamientos fracasan y es necesario pagar para adquirirlos. A largo plazo, la desinformación incluye consecuencias psicológicas o susceptibilidad y reducción de la autoeficacia. Puede provocar que las personas pierdan confianza en las fuentes serias de información nutricional y que resten atención y credibilidad a los resultados de nuevas investigaciones.

LAS FUENTES HABITUALES DE DESINFORMACIÓN son en mayor proporción las revistas, seguido de la televisión, libros y diarios. También hemos de tener en cuenta otras fuentes de información como internet, el etiquetaje de los productos, los amigos y la familia. Sólo un 13% de los consumidores piden información nutricional directamente a dietistas-nutricionistas.

El progreso de la ciencia no elimina la desinformación. El Consejo Internacional de Información Alimentaria (IFIC) indica que la mayor causa de la generalización de la desinformación es la carencia de un contexto suficiente para los consumidores para entender e interpretar los resultados de las diferentes investigaciones y los consejos que aportan. Tanto los investigadores como los medios de comunicación deben de ser responsables de dar una cobertura fiable, equilibrada y completa al público. Por otra parte, la popularización de la interacción con la electrónica ha creado una rápida diseminación de la desinformación y de mitos sobre la salud. En otros casos, esta situación puede venir provocada por el márqueting de compañías alimentarias que promocionan los suplementos dietéticos o productos para bajar de peso, de eficacia no probada.

Iniciativas como la de la American Dietetic Association, como portavoz del programa de información nacional, han ayudado a trasmitir información fiable sobre nutrición en audiencias nacionales, estatales y locales, y a posicionar a los dietistas-nutricionistas como los expertos en nutrición.