La desinformación, como se comenta en el artículo anterior sobre Información y desinformación nutricional y alimentaria (I), conlleva diversos efectos negativos, tanto para la salud del consumidor como para la economía del mismo. Esto se debe mayoritariamente a que se le atorgan determinadas propiedades beneficiosas para la salud a productos de los cuales no ha habido una comprobación científica rigurosa de dichas afirmaciones. Por tanto, normalmente se trata de productos con posibles efectos adversos sobre la salud por sus posibles interacciones con fármacos o nutrientes, además de costosos. Las fuentes más frecuentes de desinformación son por orden de influencia: las revistas, la televisión, libros y diarios. También hemos de tener en cuenta internet, el etiquetaje nutricional, los amigos y la familia. Únicamente un 13% de la población acude a profesionales como Dietistas-Nutricionistas para recibir información nutricional y alimentaria.
En el artículo Position of the American Dietetic Association: Food and Nutrition Misinformation se exponen diez puntos que nos advierten de una mala información nutricional y alimentaria y que por tanto nos deben hacer desconfiar:
1. Recomendaciones que prometen una meta rápida, en el caso de perder peso, un objetivo razonable y saludable es la pérdida de un 10% del peso en 6 meses.
2. Advertencias de peligro de un alimento o un régimen, es decir si el consumo de un alimento o el seguimiento de un determinado régimen de adelgazamiento han provocado un peligro para la salud del usuario, deberemos desconfiar del método.
3. Alegaciones que suenan demasiado bien para ser ciertas, como que el consumo habitual de determinados productos aportará beneficios como tratamiento exclusivo para enfermedades.
4. Conclusiones simples de estudios complejos.
5. Recomendaciones que se basan en un único estudio.
6. Declaraciones rechazadas por científicos de organizaciones fiables.
7. Listas de alimentos buenos y alimentos malos.
8. Recomendaciones que se realizan para ayudar a vender un producto. Es el caso de determinados productos comerciales cuya alegación para venderse es que produce beneficios para la salud.
9. Recomendaciones basadas en estudios publicados sin ser revisados. Para ser aprobados por la comunidad científica, los estudios deben ser revisados por comités científicos que realicen los mismos experimentos que el original y que los resultados obtenidos sean iguales o muy similares. De esta manera, el estudio quedará revisado y por tanto tendrá más credibilidad que un estudio que no ha sido sometido a ninguna revisión.
10. Recomendaciones de estudios que ignoran las diferencias entre individuos y grupos.
Actualmente podemos encontrar a través de los distintos medios de comunicación gran variedad de información y desinformación nutricional y alimentaria, a partir de los diez puntos anteriormente descritos se intenta que el usuario se oriente y pueda distinguir entre afirmaciones fiables y rigurosas y otras que no lo son. Esto puede hacer que conozcamos más los productos dietéticos, suplementos y los alimentos que tenemos a nuestro alcance para saber escoger el que más conviene a nuestra salud.
En el artículo Position of the American Dietetic Association: Food and Nutrition Misinformation se exponen diez puntos que nos advierten de una mala información nutricional y alimentaria y que por tanto nos deben hacer desconfiar:
1. Recomendaciones que prometen una meta rápida, en el caso de perder peso, un objetivo razonable y saludable es la pérdida de un 10% del peso en 6 meses.
2. Advertencias de peligro de un alimento o un régimen, es decir si el consumo de un alimento o el seguimiento de un determinado régimen de adelgazamiento han provocado un peligro para la salud del usuario, deberemos desconfiar del método.
3. Alegaciones que suenan demasiado bien para ser ciertas, como que el consumo habitual de determinados productos aportará beneficios como tratamiento exclusivo para enfermedades.
4. Conclusiones simples de estudios complejos.
5. Recomendaciones que se basan en un único estudio.
6. Declaraciones rechazadas por científicos de organizaciones fiables.
7. Listas de alimentos buenos y alimentos malos.
8. Recomendaciones que se realizan para ayudar a vender un producto. Es el caso de determinados productos comerciales cuya alegación para venderse es que produce beneficios para la salud.
9. Recomendaciones basadas en estudios publicados sin ser revisados. Para ser aprobados por la comunidad científica, los estudios deben ser revisados por comités científicos que realicen los mismos experimentos que el original y que los resultados obtenidos sean iguales o muy similares. De esta manera, el estudio quedará revisado y por tanto tendrá más credibilidad que un estudio que no ha sido sometido a ninguna revisión.
10. Recomendaciones de estudios que ignoran las diferencias entre individuos y grupos.
Actualmente podemos encontrar a través de los distintos medios de comunicación gran variedad de información y desinformación nutricional y alimentaria, a partir de los diez puntos anteriormente descritos se intenta que el usuario se oriente y pueda distinguir entre afirmaciones fiables y rigurosas y otras que no lo son. Esto puede hacer que conozcamos más los productos dietéticos, suplementos y los alimentos que tenemos a nuestro alcance para saber escoger el que más conviene a nuestra salud.